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Buscar señales químicas delatadoras de la presencia de vida extraterrestre en otros mundos

martes, 29 de julio de 2014
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En esta ilustración, la atmósfera de un planeta parecido a la Tierra muestra una neblina marrón, el resultado de una contaminación atmosférica ampliamente extendida. La nueva investigación muestra que el futuro Telescopio Espacial James Webb podría detectar, en algunos casos, ciertos compuestos contaminantes en la atmósfera de planetas de tamaño terrestre. (Imagen: Christine Pulliam (CfA))

Son muchos los científicos que creen que la Humanidad se halla en el umbral tecnológico de ser capaz de detectar señales de vida extraterrestre en otros mundos, si estos están razonablemente cerca y si de verdad albergan vida. Estudiando las atmósferas de los exoplanetas, es factible buscar gases como oxígeno y metano que sólo pueden coexistir si son repuestos por la vida. Pero esos gases proceden de formas de vida simples como los microbios. ¿Qué pasa con las civilizaciones avanzadas? ¿Dejarían alguna señal química detectable en la propia atmósfera?

Podría ser, si utilizan a gran escala tecnologías “sucias”, que emitan a la atmósfera de su mundo sustancias que por medios naturales estarían ausentes o solo presentes en concentraciones mucho menores. De ese modo, aunque no hicieran un uso detectable de telecomunicaciones, esas civilizaciones serían identificadas como tales por las transformaciones químicas anómalas en la atmósfera de sus mundos. La detección desde otro planeta de contaminación industrial en la atmósfera terrestre haría por ejemplo etiquetarla por eventuales observadores alienígenas como sospechosa de tener un origen artificial.

Una nueva investigación por teóricos del Centro para la Astrofísica (CfA) en Cambridge, Massachusetts, gestionado conjuntamente por la Universidad de Harvard y el Instituto Smithsoniano, todas estas entidades en Estados Unidos, muestra que podríamos reconocer las huellas de ciertas sustancias contaminantes bajo condiciones ideales. Esto ofrecería una nueva metodología en la búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI).

Sin embargo, tal como agudamente razona Henry Lin, del equipo de investigación, nosotros consideramos la polución industrial como una señal de vida inteligente, pero quizá civilizaciones más avanzadas que la nuestra, con sus propios programas SETI, considerarán la contaminación como una señal de vida no inteligente, o por lo menos desquiciada, ya que no es nada lógico contaminar tu propio aire. Avi Loeb, coautor del estudio, prolonga la ironía del vínculo contradictorio entre inteligencia y contaminación recordándonos que a menudo a los alienígenas se les llama popularmente “pequeños hombrecillos verdes”, pero que eso no se cumpliría con los extraterrestres detectados mediante la estrategia propuesta por él y sus colegas, ya que no serían verdes en absoluto, al menos en el sentido ecologista de ese color.

El equipo, que incluye también a Gonzalo Gonzalez Abad, ha llegado a la conclusión de que el futuro Telescopio Espacial James Webb (JWST, por sus siglas en inglés) debería ser capaz de detectar dos tipos de clorofluorocarbonos, o CFCs, una clase de sustancias químicas muy usadas en la Tierra hasta que el Protocolo de Montreal de 1987 entró en vigor y limitó su uso. Los CFCs destruyen el ozono en la estratosfera y de este modo permiten que más radiación ultravioleta alcance la superficie de la Tierra, provocando efectos perniciosos.

Los autores del estudio han calculado que, en ciertos casos, el JWST podría captar la señal de los CFCs si los niveles atmosféricos fueran 10 veces mayores que los actuales de la Tierra. Telescopios futuros más potentes que ese podrían detectar tales señales en muchos más casos.

Aunque la presencia de niveles anormalmente altos de sustancias químicas de origen artificial en la atmósfera de un planeta sea claramente calificable como “contaminación” en casos como el de la Tierra, tampoco hay que guiarse exclusivamente por esta noción; una civilización más avanzada que la nuestra podría “polucionar” intencionadamente la atmósfera de su planeta con ciertas sustancias químicas, de un modo que en la Tierra resultaría nocivo, pero que en otro mundo podría por ejemplo calentar globalmente un planeta que de otro modo sería demasiado frío para la vida.

Si bien la búsqueda de CFCs podría llevarnos a dar con una civilización extraterrestre actual, también podría detectar los restos de otra que se aniquiló a sí misma. Algunas sustancias contaminantes duran 50.000 años en la atmósfera de la Tierra, mientras que otros permanecen sólo 10 años. Detectar moléculas de la categoría más longeva pero ninguna de la más corta indicaría que las fuentes ya han desaparecido.

En ese caso, podríamos especular con la hipótesis de que los extraterrestres reaccionaron a tiempo y limpiaron la atmósfera que habían ido envenenando paulatinamente. En un escenario más tenebroso, tal como especula Loeb, serviría como señal de aviso sobre los peligros de no cuidar debidamente el medio ambiente de nuestro planeta.


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